martes, 26 de julio de 2016

Los abusos de los débiles

En las sociedades de clases, como todo el mundo sabe, las sentencias judiciales favorecen casi universalmente a los débiles, a los pobres, a los infelices, a quienes protegen de los ricos y poderosos. Sobre esa perversión del sistema alertó el Presidente Mauricio Macri en una nota que publicó La Nación el domingo pasado. Si la Justicia fuera menos injusta con los capitalistas, si privilegiara un poco menos a los trabajadores, reflexiona Macri, habría más inversiones, y por lo tanto más empleo, mejores salarios. Tal vez, si los jueces recapacitaran, y entendieran que los patrones también tienen derechos, la justicia social quedaría más cerca.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Choriplaneros

El pueblo argentino a lo largo de dos siglos, según los sucesivos bautizos de la gente decente: vagos y mal entretenidos, bajo pueblo, bárbaros, chusma, criollos brutos, tanos brutos, gallegos brutos, rusos de mierda, cabecitas negras, negros de mierda. Ahora,  choriplaneros. Tal vez la última designación, con sus numerosos significados, sea la más brutal.

martes, 25 de noviembre de 2014

No como Brown

En el país de la libertad y de los individuos armados, un policía blanco asesina a un muchacho negro. Michael Brown, el chico, tiene 18 años, y está  desarmado. En Ferguson, la pequeña ciudad donde suenan las balas, lo ve medio mundo. Tres meses más tarde, un Gran Jurado decide que no hay pruebas para condenar a Darren Wilson, el agente que apretó el gatillo. Wilson dice que lo lamenta, pero que volvería a actuar de la misma manera. Dice que temió por su vida, porque Brown lo superaba físicamente. Y además era negro. Eso no lo dice. No importa si muchos testigos ven a Brown con las manos en alto cuando su cuerpo encaja los seis tiros que le pega Wilson. Y si lo ven caer a 150 metros del policía que teme por su vida. La población de Ferguson, cuando conoce el fallo judicial, estalla. Incendia autos, corta avenidas y autopistas, arroja botellas y ladrillos contra vehículos policiales. Pide justicia. Hay decenas de detenidos. Todo transcurre en un estado, Missouri, con una larga y dramática historia de crímenes contra la minoría negra. Su gobernador se llama Jay Nixon.  Su tío Richard hizo célebre al apellido. En otras ciudades y pueblos del enorme país otros miles salen también a la calle.  En Cleveland, Ohio, un agente dispara una bala de verdad a un niño negro de 12 años que empuña un arma de juguete, y lo mata. El Jefe de Policía lo defiende.   En San Luis, Missouri, la multitud ocupa las escalinatas del Tribunal que ha exculpado al matador de Brown, y advierte: “Si no lo procesan, vamos a pelear”. Barack Obama, el primer Presidente negro de la historia del enorme país, habla del asunto. Sin embargo, no anuncia que va a tratar de poner fin a los crímenes blancos. Pide que las protestas sean pacíficas. Les pide serenidad a las víctimas. Nada a los culpables. Muchos recuerdan entonces que él es negro, pero no como los otros. No desciende de africanos esclavizados en los Estados Unidos. No como Brown. 

jueves, 25 de septiembre de 2014

Motochorros en tv


Motochorro es el nombre 
vulgar de su especie. Al motochorro de La Boca, que asaltó a un turista canadiense, lo exhiben por la tele. Es como un animal enjaulado que se les muestra a los paseantes en el zoo.  Pero el tipo se prende, y hace su parte. Recita, en clave individual y oportunista, los motivos que intentan explicar las relaciones colectivas, sociales, tendenciales, entre la desigualdad y el delito. Logran, entre Mauro Viale y él, que todo suene falso. Lo lograron. Punto para Viale, y para los mata-delincuentes, para los meta-bala, para los mano dura. Con los milicos estábamos mejor.

Al día siguiente, los lectores-comentaristas del diario La Nación no podrían ser más claros, ni más repugnantes. Uno dice que al pardito ese habría que meterle un tiro entre las cejas. Otro lamenta la vergüenza de que el video del asalto circule entre los blancos de todo el mundo, y maldice a Cristina K, que por supuesto es la culpable de que ese negro siga con vida  después de su afrenta a la civilización. Uno más, que habría que desenterrar a los muertos queridos del delincuente (no lo expresa con palabras tan amables), y volverlos a matar delante de él, para después, por fin, matarlo a él.


A la noche, en una radio, una locutora de linda voz que conduce un programa en el que pasan tangos, parece haber entendido que lo de Viale fue una apología del delincuente. Se queja, entonces, de que ahora lo único que falta es que el motochorro se convierta en un mediático, y termine bailando en el programa de Tinelli. Un tal Lucas, columnista de deportes en el programa, la tranquiliza, sin ironía ninguna: “No, eso no va a suceder, Tinelli es una buena persona”.