martes, 26 de julio de 2016

Los abusos de los débiles

En las sociedades de clases, como todo el mundo sabe, las sentencias judiciales favorecen casi universalmente a los débiles, a los pobres, a los infelices, a quienes protegen de los ricos y poderosos. Sobre esa perversión del sistema alertó el Presidente Mauricio Macri en una nota que publicó La Nación el domingo pasado. Si la Justicia fuera menos injusta con los capitalistas, si privilegiara un poco menos a los trabajadores, reflexiona Macri, habría más inversiones, y por lo tanto más empleo, mejores salarios. Tal vez, si los jueces recapacitaran, y entendieran que los patrones también tienen derechos, la justicia social quedaría más cerca.

domingo, 10 de julio de 2016

Macri, el rey, la angustia y la Chola

“Se va la Chola, Chola se va”, cantaba el uruguayo Eduardo Mateo hace más de cuarenta años. “Qué soledad”, cantaba, porque la Chola se iba de su casa. A la mamá se le iba la Chola, a vivir sola o vaya a saber, porque Mateo no lo explicaba. En el discurso pre político y casi pre lingüístico de Mauricio Macri, la independencia que los pueblos de esta región del mundo proclamaron en 1816 respecto de las poderosas monarquías europeas era más o menos lo mismo que la ida de la Chola de la casa de su mamá.

Por eso le dijo a su “querido rey”, Juan Carlos de Borbón y Parma, asesino de elefantes, y tal vez no solo de elefantes, pero sobre todo discípulo preferido del dictador oscurantista y genocida Francisco Franco, caudillo de España por la gracia de dios, que los revolucionarios de 1816 debían haber sentido angustia al separarse de la Corona.

Ni Mateo ni su hermosa canción tienen ninguna responsabilidad en el asunto, claro. En todo caso, si lo cité es porque esa canción es una de las obras musicales que mejor me transmiten la angustia de la partida de la hija que se independiza. No es que Macri esté a la altura de ella. Pero el modo en  que el Presidente se refirió el 9 de julio a la declaración de la independencia de la Provincias Unidas de la América del Sur remite a eso, a la despedida de un hijo que ha crecido y que se va, no sin angustia, de la casa de sus padres.

Seguramente, si se tiene en cuenta la historia familiar del personaje, el asunto da para que los psicólogos opinen. Pero me resisto a tratarlo como un negocio privado. Macri ignora explícitamente la causa popular americana y la de sus líderes: Artigas, Belgrano, San Martín, Güemes. Todos ellos combatieron con las ideas y con las armas, no a los españoles en su conjunto, pero sí al Absolutismo, a la monarquía despótica, a los privilegios de los ricos, al sojuzgamiento de los pueblos americanos por los poderes imperiales.

Entonces, Macri, no es que la Chola se vaya de la casa de su mamá, con angustia o sin ella. Es que los hijos apropiados echan de su casa a sus siniestros apropiadores, y lo hacen con razones, con justicia, con esperanza, con coraje. De angustia, poco. Y no piensan invitar a los apropiadores a celebrar con ellos el día de su liberación. Eso lo hace usted, Macri, y hasta los que no sabemos por qué, lo imaginamos. Y también imaginamos que a usted ni siquiera le importa la Chola.

martes, 5 de enero de 2016

Borges y las magias inútiles

Para salir un poco de la angustia que en estos días genera la política, o mejor, la antipolítica, apelo a diversas cosas. Una de ellas, volver al viejo y querido Jorge Luis Borges. Y leo, sin premeditación: "Es el amor. Tendré que ocultarme o huir". Y leo: "Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo". Y "es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles". "Me duele una mujer en todo el cuerpo", escribe Borges, porque el poema se llama El Amenazado, y la amenaza es el amor. Y porque es inevitable, vuelvo al principio. A nosotros no nos amenaza el amor, sino el odio. El odio de clase. Gracias igual, Maestro, los de las magias inútiles es maravilloso.

lunes, 14 de diciembre de 2015

La Corte de Macri

El Presidente Macri ha nombrado a dos ministros de la Suprema Corte sin acuerdo del Senado. ¿Un atropello mayor a la democracia? Difícil, pero Adrián Ventura, en La Nación, pretende suavizar: "Se trata de una alternativa poco utilizada en épocas democráticas y cuyo antecedente más claro fue la Corte que nombró Bartolomé Mitre, en 1852". Un detalle: el antecedente no se produjo en la República Argentina. En 1852, Mitre era un lider porteño, y Buenos Aires estaba separada del resto del país. Diez años más tarde, Mitre fue Presidente, un cargo que conquistó a sangre y fuego. Es extraño que Ventura no lo sepa.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Choripaneros

El pueblo argentino a lo largo de dos siglos, según los sucesivos bautizos de la gente decente: vagos y mal entretenidos, bajo pueblo, bárbaros, chusma, criollos brutos, tanos brutos, gallegos brutos, rusos de mierda, cabecitas negras, negros de mierda. Ahora,  choripaneros. Tal vez la última designación, con sus numerosos significados, sea la más brutal.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Macri, la avanzada de Washington

El triunfo de Mauricio Macri, que es como decir del capital concentrado y de los centros de poder financiero, es una avanzada en la región de las políticas de Washington. No es teoría: el nuevo gabinete, atiborrado de gerentes y directores de grandes corporaciones, y el sometimiento del futuro ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, al secretario del Tesoro de los Estados Unidos, expresado en un llamado telefónico para requerir opinión sobre las primeras medidas económicas, no dejan espacio a la imaginación. Está bien reflexionar sobre el poder de los medios de comunicación y sobre los errores políticos propios, pero tal vez convenga no perder de vista el marco general. O sea, el hilo semi oculto que une a los globos amarillos con las bombas de racimo que asesinan a muchedumbres en Oriente Medio. Sin prejuicios.

martes, 25 de noviembre de 2014

No como Brown

En el país de la libertad y de los individuos armados, un policía blanco asesina a un muchacho negro. Michael Brown, el chico, tiene 18 años, y está  desarmado. En Ferguson, la pequeña ciudad donde suenan las balas, lo ve medio mundo. Tres meses más tarde, un Gran Jurado decide que no hay pruebas para condenar a Darren Wilson, el agente que apretó el gatillo. Wilson dice que lo lamenta, pero que volvería a actuar de la misma manera. Dice que temió por su vida, porque Brown lo superaba físicamente. Y además era negro. Eso no lo dice. No importa si muchos testigos ven a Brown con las manos en alto cuando su cuerpo encaja los seis tiros que le pega Wilson. Y si lo ven caer a 150 metros del policía que teme por su vida. La población de Ferguson, cuando conoce el fallo judicial, estalla. Incendia autos, corta avenidas y autopistas, arroja botellas y ladrillos contra vehículos policiales. Pide justicia. Hay decenas de detenidos. Todo transcurre en un estado, Missouri, con una larga y dramática historia de crímenes contra la minoría negra. Su gobernador se llama Jay Nixon.  Su tío Richard hizo célebre al apellido. En otras ciudades y pueblos del enorme país otros miles salen también a la calle.  En Cleveland, Ohio, un agente dispara una bala de verdad a un niño negro de 12 años que empuña un arma de juguete, y lo mata. El Jefe de Policía lo defiende.   En San Luis, Missouri, la multitud ocupa las escalinatas del Tribunal que ha exculpado al matador de Brown, y advierte: “Si no lo procesan, vamos a pelear”. Barack Obama, el primer Presidente negro de la historia del enorme país, habla del asunto. Sin embargo, no anuncia que va a tratar de poner fin a los crímenes blancos. Pide que las protestas sean pacíficas. Les pide serenidad a las víctimas. Nada a los culpables. Muchos recuerdan entonces que él es negro, pero no como los otros. No desciende de africanos esclavizados en los Estados Unidos. No como Brown. 

jueves, 25 de septiembre de 2014

Motochorros en tv


Motochorro es el nombre 
vulgar de su especie. Al motochorro de La Boca, que asaltó a un turista canadiense, lo exhiben por la tele. Es como un animal enjaulado que se les muestra a los paseantes en el zoo.  Pero el tipo se prende, y hace su parte. Recita, en clave individual y oportunista, los motivos que intentan explicar las relaciones colectivas, sociales, tendenciales, entre la desigualdad y el delito. Logran, entre Mauro Viale y él, que todo suene falso. Lo lograron. Punto para Viale, y para los mata-delincuentes, para los meta-bala, para los mano dura. Con los milicos estábamos mejor.

Al día siguiente, los lectores-comentaristas del diario La Nación no podrían ser más claros, ni más repugnantes. Uno dice que al pardito ese habría que meterle un tiro entre las cejas. Otro lamenta la vergüenza de que el video del asalto circule entre los blancos de todo el mundo, y maldice a Cristina K, que por supuesto es la culpable de que ese negro siga con vida  después de su afrenta a la civilización. Uno más, que habría que desenterrar a los muertos queridos del delincuente (no lo expresa con palabras tan amables), y volverlos a matar delante de él, para después, por fin, matarlo a él.


A la noche, en una radio, una locutora de linda voz que conduce un programa en el que pasan tangos, parece haber entendido que lo de Viale fue una apología del delincuente. Se queja, entonces, de que ahora lo único que falta es que el motochorro se convierta en un mediático, y termine bailando en el programa de Tinelli. Un tal Lucas, columnista de deportes en el programa, la tranquiliza, sin ironía ninguna: “No, eso no va a suceder, Tinelli es una buena persona”. 

lunes, 25 de agosto de 2014

Esta noche juega El Trinche

No supe de él hasta ahora, a pesar de que siempre seguí el fútbol, y a pesar de que en los años en que él jugó, los setenta, yo hasta escribía en las páginas de alguna sección Deportes. Los he descubierto ahora, a la realidad y al mito, gracias a este documental que me hizo ver un amigo de mis hijos, que ni siquiera había nacido entonces, y que ahora vive en Madrid. El Trinche Carlovich, rosarino, dice en algún momento de la película que para él jugar en Central Córdoba era lo mismo que hacerlo en el Real Madrid. Lo cierto es que fue siempre un jugador de la segunda división. "No jugó en Primera porque él no quiso", dice el Colorado Killer. "Le gustaba más jugar al fútbol que ser profesional", dice César Menotti. "A veces las cosas no se dan", dice él, a los 65 años, y lagrimea cuando alguien le recuerda la frase que decían los que solo querían verlo en una cancha, con la pelota: "Esta noche juega El Trinche".   

miércoles, 21 de mayo de 2014

Morena y jornalera

La generosidad, la paciencia y la perspicacia de mi compañero y amigo Roberto Fernández, avezado explorador de viejos archivos, me permitieron ver hoy una copia del acta de bautismo de mi abuelo materno, José Robledo, que nació en 1890 en Villaguay, Entre Ríos, mi pueblo también. En el documento, el cura señala que el chico es hijo natural de Paula Robledo. Y como al pasar, define con dos palabras a la joven madre soltera: “morena y jornalera”. Morena,  jornalera, madre de un hijo natural, mi abuelo, a fines del siglo XIX, en un pequeño pueblo en medio de la selva montielera. Salud, bisabuela Paula. Gracias por este tardío, conmovido, luminoso orgullo.

martes, 25 de febrero de 2014

Banderita cubana

Mi hija Clara acaba de volver de La Habana, adonde fue invitada a leer su poesía en el cuarto Encuentro de Jóvenes Escritores de América Latina y el Caribe. Ella es, también, fotógrafa. Entre otras muchas, trajo esta foto, que me recordó de inmediato unos versos de Nicolás Guillén, de los tiempos heroicos. Acá van la foto, los versos, y mis emocionadas felicitaciones para Clara.

"¡Ay, qué linda mi bandera,
mi banderita cubana,
sin que la manden de afuera,
ni venga un rufián cualquiera
a pisotearla en La Habana!"

jueves, 19 de diciembre de 2013

Bergoglio marxista papa

Francisco, nacido Jorge Bergoglio, rey absoluto de la iglesia católica, ha dicho recientemente que no es marxista pero que no lo ofende que lo llamen así. Habría que decir que quienes han incurrido en semejante barbaridad son miembros de grupos fundamentalistas de los Estados Unidos que creen que la especie humana lleva 6.000 años sobre la Tierra, y que los fósiles de uno o más millones de años han sido colocados allí por el propio dios para poner a prueba la fe de los creyentes.

Muchos de ellos creen, como su ídolo George W. Bush, que en algún momento de sus vidas han visto realmente a dios, el falsificador de fósiles, por lo general en su rol de Jesucristo. Con esa apariencia, precisamente, el ser supremo encargó a Bush que masacrara a los iraquíes, una misión que el presidente cumplió con rigor evangélico. Después, Bush contaba la charla con el crucificado, y su público la creía.


Más allá de quiénes han sido los ideólogos de la caracterización de marxista para el insospechable Bergoglio, él finge tomarla en serio. Y no se ofende. Quién sabe si se le ocurre que tal vez tengamos derecho a hacerlo los marxistas que vivimos en este mundo, ya sea en estado de optimismo, de derrota, de moderada confianza, de melancolía, o de rabiosa resistencia. Los que estamos convencidos de que dios es una fábula, y todas las religiones, nada más que supercherías funcionales a la explotación de clase. “La religión es el opio de los pueblos”, escribió Carlos Marx. El jefe de la más poderosa de las religiones no debería tener el privilegio de ser confundido con un marxista.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Serrat en el Luna, hace treinta años

Mi hijo Matías me mandó hoy un mensaje con unos videos de la televisión española sobre los recitales de Joan Manuel Serrat en el Luna Park, en junio de 1983. Yo estaba ahí, en una de esas gradas repletas, no solo de personas, sino de mucho más. Las imágenes y el sonido, a veces, devuelven la vida a emociones que el tiempo y las circunstancias van relegando a rincones de la memoria.

Ahora me acuerdo de todo, como si estuviera sucediendo: la expectativa, la alegría tanto tiempo contenida, una extraña fraternidad en un público que celebraba una fiesta. No se trataba solo del regreso de un cantante popular, querido y admirado, ausente del país desde hacía ocho o nueve años. Era como si la vida, brutalmente interrumpida por el terror y la barbarie, retomara su curso, herida pero imparable.

Cuando él apareció en la escena, precedido por los primeros acordes de la primera canción, estalló el estribillo que unificó a la multitud: “Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar”. Serrat se quedó quieto, en silencio, asintiendo con la cabeza, y no hizo el menor gesto hasta que, varios minutos después, mientras seguía sonando la música sin otras palabras que las del público, el apagarse del estribillo lo autorizó a a cantar.

Disfrutamos de las viejas canciones, y subrayamos con aplausos y vítores cada frase que aludía, aunque fuera lateralmente, al cambio de época que deseábamos. “Prefiero”, cantaba, “la revolución a las pesadillas”,  y nuestra propia pesadilla de más de siete años nos hacía llorar. Pero se terminaba, y el sonido de esa canción, ahí, en el corazón de una Buenos Aires ensangrentada y envilecida, era un testimonio de ese final.

No somos los mismos de entonces, y seguramente tampoco lo es Serrat. Pero más allá de lo que cada uno piense o sienta ahora, treinta años más tarde, en esas noches se anudó un lazo que tal vez nada pueda destruir. Un lazo hecho de nuestra propia historia, de un momento de ella que no está en archivos ni en documentos, sino en aquellos corazones nuestros, maltrechos y sobrevivientes.


martes, 15 de octubre de 2013

El futuro, que no venga

No solo la invasión europea empezó un 12 de octubre. Ese mismo día, pero en 1812, trescientos veinte años después de que Cristóbal Colón y los suyos desembarcaran con las buenas nuevas del cristianismo y de la explotación sin límites en la isla del Caribe que llamaron La Española, murió en la remota Buenos Aires Juan José Castelli.

En el medio hubo tres siglos de dominación de la corona imperial, pero sobre todo hubo los dos años fulgurantes en los que Castelli entró en la historia como un relámpago, los dos primeros años de la Revolución de Mayo. Él había nacido en 1764, en esa pequeña aldea a las orillas del Plata que se preparaba para torcer la historia. Era poco más que un niño cuando los padres eligieron por él que fuera cura, y lo mandaron a estudiar a Córdoba primero y después a Charcas, en el Alto Perú.

En el Colegio de Monserrat tuvo compañeros con los que compartiría, en la misma vereda o enfrentados, los avatares de la Revolución. También tuvo un cura Rector que vio, tal vez, lo que había que adivinar en él. En 1784, ese cura escribió, sobre Castelli, que tenía “un ingenio delicado, capaz de cualquier cosa”. Y también escribió un ruego que encubría, tal vez, una profecía: “Dios le guarde el corazón, que es docilísimo, y acaso fácil de pervertirse si tiene malos compañeros”. 

Debe haber tenido, Castelli, malos compañeros, o quizás no le hicieron falta. Largó los estudios teológicos, se hizo revolucionario radical, jacobino, anticlerical, estuvo a la cabeza del derrocamiento del Virrey Cisneros en 1810 junto a su primo y amigo Manuel Belgrano, se hizo cargo en persona de sofocar la contrarrevolución de Santiago de Liniers en Córdoba, y dirigió la ejecución del héroe de la Reconquista. Después, la Junta lo hizo jefe político del ejército que fue al Alto Perú, que venció en Suipacha y que cayó en Huaqui.

Antes de la derrota, Castelli tuvo tiempo para proclamar el fin de la servidumbre indígena y la igualdad de todos los americanos en las ruinas de Tiahuanaco, delante de una multitud de collas y de aymaras. No se lo perdonaron, los aristócratas españoles, ni los criollos. La iglesia no le perdonó su ateísmo, ni que persiguiera a los obispos contrarrevolucionarios sin reparar en jerarquías.

Los conservadores que se habían hecho del poder en Buenos Aires, y que parecían haber puesto fin a la revolución, lo acusaron de todo: libertino, impío, hereje, borracho, traidor. Mientras se defendía en el juicio que le siguieron, se enfermó de cáncer. Le amputaron la lengua. El mejor orador de la Revolución tuvo que defenderse por escrito. El juicio no terminó, porque él murió antes, a los 48 años. Unas quince personas fueron a su entierro. Unas horas antes, en plena agonía, derrotado y sin esperanza alguna, había pedido papel y lápiz, y había escrito sus últimas palabras: “Si ves al futuro, dile que no venga”.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Septiembre

Cuando yo era chico, el once de septiembre era apenas el Día del Maestro. Acto escolar, liberación de las horas en el aula, horas con la mirada que no quería aburrirse y se extraviaba por esa ventana que en el cuarto banco, en la fila de la izquierda, dejaba ver un campito con otros chicos y una pelota. Todo en nombre de la muerte de Sarmiento, de quien ignoraba todavía todo, lo que me genera admiración y lo que me genera rechazo.

Después, el once de septiembre fue un bombardeo en Santiago de Chile, donde un hombre honrado y valiente se despedía de su pueblo, por el que había intentado una hazaña formidable: llegar a la justicia, a la igualdad, sin sangre ni violencia pero sin agacharse y sin mezquinar el propio cuerpo. Adiós a Salvador Allende, y a su empresa ingenua pero lúcida, lúcida pero ingenua. Y yo tenía un amigo, allí, en Santiago, por quién tuve miedo ese día, y cuya muerte tuve que llorar poco más adelante.

En 2001, el once de septiembre por la mañana, fui con mi pequeña hija de dos años a un negocio del que era mi barrio, Villa Crespo, a comprarle un par de zapatillas. Le estaba probando unas cuando la dueña del negocio me preguntó si sabía lo que pasaba en Nueva York, donde un avión se había estrellado contra una de las Torres Gemelas. No sé cuántas cosas pensé en ese instante, pero levanté en brazos a mi chiquita de cabeza enrulada, dejé la compra para otro día, y corrí hasta mi casa, y encendí el televisor justo a tiempo para ver que un segundo avión chocaba de lleno contra la segunda torre. Volví a tener miedo, ahora por personas de las que ignoraba todo individualmente: afganos, iraquíes, palestinos. Otra vez el miedo tenía razón.

Es difícil saber ahora qué cosas dice el once de septiembre, un día de un mes que por otra parte representa la vuelta de la vida para aquello de más arcaico que sigue vivo en nosotros. Un mes que se fue cargando de resonancias que, al menos en mí, pueden más que la primavera.


lunes, 29 de julio de 2013

¿Sabe Francisco lo que dice?

En Brasil, Jorge Bergoglio, alias Francisco, llamó a los jóvenes a "servir y llevar a Cristo hasta las periferias existenciales", para “arrancar y arrasar el mal y la violencia, para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio”. ¿Sabrá lo que dice? ¿Ignora acaso cuánto del mal, de la violencia, de la intolerancia, del odio, en dos mil años de historia, son el fruto de la prédica de la iglesia sobre la que reina? ¿De su propia prédica, aquí, en la Argentina, acerca del matrimonio igualitario, de la despenalización del aborto, de una exposición artística de León Ferrari, de las barbaridades que cometieron curas que él protegió y protege? Desde la periferia existencial, Bergoglio, no, gracias, va a ser mejor que nos arreglemos solos.

jueves, 25 de julio de 2013

Bergoglio y los pobres del Brasil

Jorge Bergoglio, conocido ahora como Francisco a secas, exhortó en Brasil a rechazar “el dinero, el poder, el éxito y el placer”. Lo dijo en un país en el que, a pesar de los avances de los últimos años, decenas de millones viven en una pobreza tan brutal como lo es la riqueza de una minoría riquísima. Para los pobres del Brasil, dinero, poder, éxito y placer son atributos exclusivos de quienes los explotan. Si el discurso del rey de la iglesia católica estaba dirigido a los pobres, en él resuenan el desprecio y la burla. De lo contrario, solo era un guiño hipócrita para los poderosos, que no parecen dispuestos a  renunciar a nada

sábado, 18 de mayo de 2013

Que no descanses, Videla


Mientras él estaba en el poder, mastiqué odio, rabia, dolor, miedo, vergüenza. Una vez, un amigo que se iba del país me preguntó por qué me quedaba. Le dije que quería estar aquí el día de la revancha. No hubo revancha. Hubo, sí, casi al final, el día en el que les gritamos asesinos en la Plaza, y ellos nos gasearon y balearon al obrero mecánico Dalmiro Flores.

Hubo, después, los incontables días en que marchamos gritando los desaparecidos, que digan dónde están, ni olvido ni perdón, no hubo errores, no hubo excesos, son todos asesinos los milicos del Proceso, hubo un juicio, condenas, pero también la obediencia debida, el punto final, los indultos. No hubo revancha.

Después de muchos años, llegó una dosis de justicia, sin revancha, y él fue a parar a una celda, donde ayer murió. Eso no calma ni el dolor, ni la vergüenza, ni la rabia. Ya no hay miedo, desde hace tiempo, y ese objeto de odio ha desaparecido de este mundo. Se llevó muchos años de nuestras vidas, y demasiadas vidas. Que no descanses, Videla.

domingo, 14 de abril de 2013

Salud, 14 de abril


“Cada 14 de abril se le resbalan dos lágrimas, vueltos los ojos y el ánima a las costas de Estoril”, cantaba hace más de cuarenta años Joan Manuel Serrat. 

La que lloraba en su canción era una “muchacha típica”, de familia aristocrática, monárquica como su padre, sufriente por el dorado exilio portugués de los Borbones que ya no reinaban en España. Allí, en la conmovedora patria del poeta Miguel Hernández, la feroz dictadura reaccionaria y oscurantista de Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios, que había aplastado en una desigual guerra civil a la República nacida precisamente un 14 de abril, el de 1931, preparaba sin embargo la restauración de los Borbones. 

El rey Juan Carlos, cazador de elefantes, es el resultado de esa elección política. En 1975, muerto el asesino y coronado el príncipe, el diezmado y perseguido pueblo español empezó a acostumbrarse a la condición de súbdito de una monarquía. Pero no todos lo hicieron. No se convirtió en mero rebaño de ovejas el país de los más valerosos combatientes que había visto el siglo. 

Ahora, en medio del derrumbe de la rica y soberbia Europa capitalista y conservadora, el pueblo que alumbró hace un par de años a los Indignados recuerda cada día con más fuerza a la heroica República. Mientras tanto, allí están los versos de Miguel, muerto en la cárcel de la dictadura a los 31 años, como una verdadera promesa a su mujer y a su país embarazados:

“Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras”.

Salud, República Española.   

domingo, 7 de abril de 2013

Humilde

Visto en televisión: una nenita lleva y trae cosas en un centro de ayuda a las víctimas de la inundación, en La Plata. El movilero le pregunta qué está haciendo. Ayudando, contesta. ¿Cuántos años tiene? Ocho. ¿Cómo se compone su familia? La nena vacila un segundo, sonríe, alza los hombros. "De gente humilde", dice, y lo dice como quien dice una obviedad.