En una nota que publicó el martes 17 en La Nación, el
columnista Rolando Hanglin sostiene que José de San Martín era lo que hoy
llamamos un facho, un hombre de derechas, amigo del orden y de la represión. Es
difícil establecer si Hanglin es un auténtico ignorante o un vulgar mercenario
que escribe lo que sus patrones quieren leer.
El que apueste por la hipótesis de la ignorancia en seguida
encontrará una prueba. Según el texto, el Libertador “trajo al país las ideas
de Independencia y Libertad junto a otros de su generación”. Cada palabra
demuestra que la Historia no es una disciplina que se le dé bien al autor.
Cuando llegó a Buenos Aires en 1812, que no “al país”, que por entonces no
existía, San Martín no trajo ninguna idea que no fuera ya sostenida por otros, ni hay razones para sostener que quienes
viajaron con él eran “de su generación”.
Vuelve a equivocarse cuando sostiene que en 1848 “las dos
potencias rectoras del mundo (Inglaterra y Francia) bloquean el Río de la Plata
y se produce la Vuelta de Obligado”. Ese combate, del que no da ninguna
información, lo que resulta curioso, se había librado en 1845, y en ese mismo
año se había puesto fin al bloqueo anglo francés. Todos los datos se pueden
corroborar en cualquier manual para estudiantes secundarios.
Sin mengua de nuevos errores, lo que sigue es mala leche
pura. Vaya solo un ejemplo. Cita Hanglin una carta en la que San Martín se
refiere a la revolución francesa de 1848: "Los sucesos ocurridos desde
febrero han planteado el problema de dónde iré a dejar mis huesos, aunque por mí, personalmente, no trepidaría
en permanecer en este país. Pero no puedo exponer a mi familia a las
vicisitudes y consecuencias de la revolución". El subrayado es mío, y
tiene por objeto poner en evidencia que es difícil concluir de estas líneas que
la actitud de San Martín ante la revolución era la de un facho.
Lo que sigue es aun más absurdo, más confuso, más necio y
peor intencionado, cargado de citas que se refutan solas. San Martín era
antisocialista, se entusiasma Hanglin. Desde ya que no era socialista, habría
que responderle. No habría podido serlo. Era, sí, un viejo revolucionario de
fines del siglo XVIII y principios del XIX, enemigo de las monarquías
absolutas, de los privilegios de nacimiento, de las aristocracias, del
oscurantismo.
Hanglin, en cambio, insiste en que era un hombre de derecha,
un verdadero facho. Más allá del obvio anacronismo, habría que seguirle el
juego. San Martín era un curioso facho que abolió la esclavitud en el Perú, que
reconocía a los pueblos indígenas como “los verdaderos dueños” de la tierra,
que llamaba fanatismo a la religión, que proclamó a sus tropas que “la
ferocidad y la violencia son crímenes que no conocen los soldados de la libertad”,
que no cumplió la orden del gobierno de combatir con su ejército a los paisanos
federales del Litoral, que a su antiguo oficial Juan Lavalle, lanzado a
reprimir a la población de Buenos Aires después de fusilar a Manuel Dorrego, le
escribió: “Una sola víctima que pueda ahorrar a su país le servirá de un
consuelo inalterable”.
La explicación de tanto desatino parece vinculada, más que a
la Historia, a su utilización en la política presente. Hace más de un siglo, el
ex presidente de la República y fundador del diario La Nación, Bartolomé Mitre,
se dedicó en persona a manipular la historia de San Martín con el objeto de embellecer
la de la facción política y social a la que él mismo pertenecía. Ahora, su
diario deja en manos de un cómico de segunda la misión de juntar al viejo
general con los caceroleros del Barrio Norte y con otros esperpentos que
abominan del progreso social. Una parábola que habla por sí misma.
Brillante, brillante y aún brillando; tres lecturas seguidas después. Para quien quiera cotejarlo con el que escribiera Rolando Hanglin para La Nación y se publicara el martes 17/7, aquí el link: http://www.lanacion.com.ar/1490857-san-martin-tambien-fue-facho
ResponderEliminarNo es la primera vez que Hanglin manipula, torpemente por otra parte, la historia a fin de llevar agua al molino de su amado Mitre. Hace algún tiempo hizo lo mismo con los pueblos originarios en el sur, demostrando una vez más, un supino desconocimiento del tema indígena y las malas intenciones que se desprenden de cada una de sus columnas.
ResponderEliminarSin querelo me acordé de Sacha Baron Cohen, el ácido humorista que usa la incorreccción política como lenguaje. En su último personaje caricaturiza hasta más allá del paroxismo a un dictador, Albino creo que se llama. Lo hace en joda, y lo hace muy bien. Hanglin hace lo mismo pero en serio, y lo hace muy mal.
Creo que la columna se llama "Pensamientos incorrectos" o algo así. Tiene razón Hanglin, son pensamientos equivocados, errados diría yo. Y no es desinteresada la persistencia en el error. A Hanglin alguien le reconoce semejantes barbaridades.
Suscribo in toto!
ResponderEliminarHanglin se empeña cada día más en bucear en las mayores profundidades de la mierda.
ResponderEliminarUlises, desde tu blog hacés honor a este oficio tan lindo pero también tan bastardeado por varios cararrotas que no sé cómo pueden seguir firmaando en medios de comunicación masiva.
ResponderEliminarGracias, como siempre.