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jueves, 21 de abril de 2011

Savater, por algo será

Como no es suficiente que Fernando Pino Solanas ande descalificando por baja calidad a los votos de los pobres, hay que leer en los diarios grandes los dichos del filósofo, o autor de libros de autoayuda Fernando Savater, que ha venido a la Argentina a definir al populismo como “la democracia de los ignorantes”, como el equivalente de lo que es “la democracia para las personas cultas”, y como “la democracia rebajada de precio”. Cualquiera sea la interpretación que cada uno haga del populismo, lo cierto es que se han escuchado y leído algunas menos despectivas y más fundadas.
Savater, súbdito satisfecho de una monarquía instituida por el generalísimo Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios que lo fue hasta su muerte, no vacila tampoco en desdeñar la tendencia que según él se impone en los países de América Latina, a sustituir a los líderes, necesarios aun para las personas cultas, por caudillos, otra degradación para ignorantes.
Compañero de Mario Vargas Llosa en un emprendimiento a favor de la lengua castellana frente a las lenguas regionales en España, Savater defendió aquí a su cofrade peruano de quienes objetaron que inaugurara la Feria del Libro. El argumento resultó desolador: “No conozco a ninguno de los que intervienen en la polémica. Por algo será. Son las ganas de buscarse publicidad de personas que no tienen una categoría intelectual para conseguirla por otros medios".
Todo lo que dijo lo dijo en una escuela primaria de Villa Ballester, que le facilitó los oídos de sus pequeños alumnos para que expusiera, con la categoría intelectual que él sí cree tener, sus prejuiciosos filosofemas. Entre ellos figuró uno que Clarín resalta: “Cuanto menos se meta el gobierno con los medios de comunicación, mejor”. La escuela se llama Roberto Noble. Por algo será, Savater.

viernes, 4 de marzo de 2011

Cuándo se jodió Varguitas



Él tiene derecho a volverse tan desagradable como se le ocurra, y a pensar lo que quiera de lo que quiera. Antes, él cambió, aunque no haya sido más que en pequeños fragmentos, la vida de muchos. Porque nadie lee La ciudad y los perros a los veinte, ni Conversación en la Catedral a los treinta, ni La casa verde a cualquier edad, sin que algo cambie para siempre en su percepción del mundo.

Pero nadie, tampoco, revela toda esa historia, esas historias, sin ser alguien muy en particular. Alguien que ha visto, que ha entendido, que ha descifrado y que ha imaginado mucho más que esos otros que leen las historias que él narra. Un alguien peruano que parece haber entendido de qué va ser cholo o ser costeño en su país, de qué ser una puta en un caserío que linda con la selva amazónica, de qué padecer tortura, humillación y abusos en los tiempos de Rafael Trujillo en la Dominicana. De qué van el amor y el miedo, el deseo, la miseria, el odio, la cabeza y los huevos en la vida de cualquiera.

Entonces, cuando ese alguien peruano y escritor enorme expresa - que tiene derecho -, en La Nación - que tiene derecho a hacer de él su columnista -, que Cristina Fernández es “un desastre total” que sorprende por sus “niveles de incultura y de pobreza intelectual”, y que en cambio Silvio Berlusconi es “un caudillo democrático” que "se caracteriza por su elocuencia y su sentido del humor”, opiniones que parecen pertinentes para alguien cuyo intelecto nunca salió del country, o del barrio de Miraflores que lo parió, pero de donde parecía haber salido, sus lectores y el público en general también tienen derecho.

Por eso, venga o no venga a inaugurar la Feria del Libro, hable o no hable, descerraje o no sus sentencias contra la Presidenta, Varguitas ya se jodió, se jodió Mario Vargas Llosa en algún momento, cuándo habrá sido, y jodió a todos sus lectores, aunque tenga derecho. A todos sus lectores, a los que antes les cambió un pedacito de vida, a lo que también, enhorabuena, tenía derecho.