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jueves, 19 de diciembre de 2013

Bergoglio marxista papa

Francisco, nacido Jorge Bergoglio, rey absoluto de la iglesia católica, ha dicho recientemente que no es marxista pero que no lo ofende que lo llamen así. Habría que decir que quienes han incurrido en semejante barbaridad son miembros de grupos fundamentalistas de los Estados Unidos que creen que la especie humana lleva 6.000 años sobre la Tierra, y que los fósiles de uno o más millones de años han sido colocados allí por el propio dios para poner a prueba la fe de los creyentes.

Muchos de ellos creen, como su ídolo George W. Bush, que en algún momento de sus vidas han visto realmente a dios, el falsificador de fósiles, por lo general en su rol de Jesucristo. Con esa apariencia, precisamente, el ser supremo encargó a Bush que masacrara a los iraquíes, una misión que el presidente cumplió con rigor evangélico. Después, Bush contaba la charla con el crucificado, y su público la creía.


Más allá de quiénes han sido los ideólogos de la caracterización de marxista para el insospechable Bergoglio, él finge tomarla en serio. Y no se ofende. Quién sabe si se le ocurre que tal vez tengamos derecho a hacerlo los marxistas que vivimos en este mundo, ya sea en estado de optimismo, de derrota, de moderada confianza, de melancolía, o de rabiosa resistencia. Los que estamos convencidos de que dios es una fábula, y todas las religiones, nada más que supercherías funcionales a la explotación de clase. “La religión es el opio de los pueblos”, escribió Carlos Marx. El jefe de la más poderosa de las religiones no debería tener el privilegio de ser confundido con un marxista.

lunes, 29 de julio de 2013

¿Sabe Francisco lo que dice?

En Brasil, Jorge Bergoglio, alias Francisco, llamó a los jóvenes a "servir y llevar a Cristo hasta las periferias existenciales", para “arrancar y arrasar el mal y la violencia, para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio”. ¿Sabrá lo que dice? ¿Ignora acaso cuánto del mal, de la violencia, de la intolerancia, del odio, en dos mil años de historia, son el fruto de la prédica de la iglesia sobre la que reina? ¿De su propia prédica, aquí, en la Argentina, acerca del matrimonio igualitario, de la despenalización del aborto, de una exposición artística de León Ferrari, de las barbaridades que cometieron curas que él protegió y protege? Desde la periferia existencial, Bergoglio, no, gracias, va a ser mejor que nos arreglemos solos.

jueves, 25 de julio de 2013

Bergoglio y los pobres del Brasil

Jorge Bergoglio, conocido ahora como Francisco a secas, exhortó en Brasil a rechazar “el dinero, el poder, el éxito y el placer”. Lo dijo en un país en el que, a pesar de los avances de los últimos años, decenas de millones viven en una pobreza tan brutal como lo es la riqueza de una minoría riquísima. Para los pobres del Brasil, dinero, poder, éxito y placer son atributos exclusivos de quienes los explotan. Si el discurso del rey de la iglesia católica estaba dirigido a los pobres, en él resuenan el desprecio y la burla. De lo contrario, solo era un guiño hipócrita para los poderosos, que no parecen dispuestos a  renunciar a nada

domingo, 29 de abril de 2012

Familia cristiana 2


Los obispos argentinos, que batallaron duramente contra la ley de matrimonio igualitario, están de nuevo en lo suyo, en la cruzada, ahora contra las reformas al Código Civil que ha enviado al Congreso la Presidenta Cristina Fernández. Ellos defienden a la familia, que como todos saben, es la célula fundamental de la civilización en cuya cresta navegan. Así que hay que escucharlos.

A ellos los llena de horror el alquiler de vientres. Es apenas un detalle que su iglesia lleve casi dos mil años contando como digna de veneración la historia de que Jesucristo fue engendrado por un espíritu, en el vientre de una virgen casada, por encargo de dios. ¿Alquiler de vientres? Claro que no, aunque según las mismas escrituras que los católicos tienen por sagradas, un enviado de dios, un tal arcángel Gabriel, había visitado previamente a la joven para hablar en privado acerca de las intenciones del Señor.

José, el marido, tuvo a bien simular delante del mundo que él era el padre del menor, que si no hubiera tenido el privilegio de ser dios él mismo, habría tenido razones para dudar de su propia identidad. ¿Es lo mismo que “crear deliberadamente hijos huérfanos”, que no saben quiénes son sus padres, como han dicho los obispos que quiere hacer el nuevo Código?  Está claro que no, porque… porque es la voluntad de dios.

Como fue su voluntad que miembros de su iglesia colaboraran entre 1976 y 1983 en el robo de bebés y en la supresión de su identidad. Dicen los obispos: "Todos los niños tienen derecho a conocer a sus padres y, en la medida de lo posible, ser criados por ellos". Pero claro, en ese momento se trataba de combatir a la subversión, no de cambiar leyes por medios constitucionales y democráticos, prácticas en las que dios no tiene demasiada experiencia.

Esa misma historia del matrimonio entre la virgen María y su marido José, el que fungió falsamente como padre del hijo del Padre, es la que habilita a los pastores católicos para expedirse sin sombra de duda sobre esta frágil institución humana. Frágil, cuando los códigos civiles intentan disolverlas con derechos a rápidos divorcios, pero sólida y santa cuando dios es el tercero en discordia: al bueno de José nunca se le ocurrió, que se sepa, divorciarse de María, aunque debía tener fuertes sospechas de que algo andaba mal con el embarazo de su cónyuge, renuente como había sido a las relaciones sexuales.

Así como es santo el matrimonio, que con la gracia de dios es capaz de sobrevivir virtuosamente a engaños, abandonos y desamores, peligroso y bajo es el concubinato, que el Código Civil pretende enaltecer en desmedro de la familia cristiana. La iglesia sabe bien que a esas cosas hay que mantenerlas en la oscuridad de la sacristía o escondidas en la discreción de la casa chica, bajo el peso de la condena social. No hay por qué dar escándalo a las buenas almas con uniones sin sacramento que se pavonean a la luz del día, como si no necesitaran del perdón de dios. 

Y los niños, hay que dejar que vayan a ellos, que saben cómo cuidarlos y protegerlos. Los quieren proteger de las decisiones de una sociedad civil que no valora a “la familia fundada sobre el matrimonio, como relación estable del varón y la mujer”. Y que pretende incluso que se simplifiquen los trámites de adopción. A los curas eso tampoco les gusta. Habría que ver por qué.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Cuento de Navidad


Ni dios, ni su hijo. Pero tampoco un revolucionario, ni un hombre que quiso cambiar al mundo. Apenas uno más entre los predicadores judíos que deambulaban por la antigua Palestina en una época en que esa región producía sobre todo sectas religiosas. Eso, en el caso improbable de que Jesús de Nazaret haya existido alguna vez.

Casi trescientos sesenta años después del que se supone fue el de su nacimiento, las autoridades de la iglesia que otros inventaron en su nombre, ya convertida en la religión de estado del Imperio Romano, decidieron que había nacido el 25 de diciembre. En esa  fecha se celebraba el Nacimiento del Sol Invencible, y antes aun las fiestas en homenaje al antiguo dios Saturno, ya caído en desgracia para la clase dominante pero todavía popular en Roma.

Durante siglos, la celebración de la Navidad sobrevivió con diversa suerte en el mundo cristiano, con tradiciones y mitologías también diversas. Repudiada por los cristianos protestantes, que en los siglos XVI y XVII la consideraron papista y pagana, la fiesta fue prohibida por los Padres Fundadores de los Estados Unidos, puritanos ellos, en las colonias que instalaron entre los Apalaches y el Atlántico.

Cualquiera diría, sin embargo, que la Navidad contemporánea es una creación norteamericana. Y así fue, o lo fue del triunfo del capitalismo, que es casi la misma cosa. El Norte triunfante en la Guerra de Secesión la convirtió en feriado nacional en 1870, y más tarde adaptó un personaje de la tradición nórdica para que fuera Papá Noel.

El barbudo que se ríe de nada, vestido con los colores de la Coca Cola, logró imponerse a sí mismo como un símbolo, al tiempo que imponía en muchas partes del mundo la compra de regalos como motivo central de la celebración. Eran los tiempos de la lucha contra el comunismo en nombre del derecho al consumo y del mercado libre, a comienzos de la Guerra Fría. El santo padre que vive en Roma tardó nada en subirse al trineo. Desde el pesebre, el nazareno no dejaba de aportar a la causa del mundo libre. Salud.

viernes, 10 de septiembre de 2010

En el país de dios

"Soy cristiano, americano, heterosexual, pro armas y conservador". Así decía, según una crónica que difundió hace unos diez días la agencia DPA, la inscripción en la remera de un manifestante del movimiento derechista Tea Party, en Washington. Todo un programa, el del portador de la remera, que era sólo uno de los miles, decenas de miles, que se concentraron frente al monumento a Abraham Lincoln el pasado 28 de agosto.

Allí estaba Sarah Palin, ex candidata a vice presidenta de los Estados Unidos por el partido Republicano. "Tenemos que restaurar el honor de nuestro país", dijo. Estaba también un tal Glenn Beck, al que la crónica definía como religioso, presentador de televisión, alcohólico convertido en abstemio fanático. Él aportó su consigna: "Hoy Estados Unidos comienza a volver otra vez a Dios”.

Otro cristiano, conservador y belicista, el ex presidente George W. Bush, era homenajeado en la marcha por carteles y consignas. Allí se lo extrañaba. No es para menos. Él también quiso devolver a su país la honra perdida el 11 de septiembre de 2001, para lo que tuvo que destrozar a Irak y a Afganistán. Y lo hizo a pedido de alguien muy especial, según su relato: “Dios me dijo, George, ve y lucha contra esos terroristas en Afganistán. Y lo hice. Y entonces me dijo, George, ve y acaba con la tiranía en Irak, y lo hice”.

El escritor de origen palestino Edward Said escribió hace casi siete años que la base del poder de Bush eran “los entre 60 y 70 millones de cristianos fundamentalistas que, como él, creen que han visto a Jesús y están aquí para llevar a cabo la obra de Dios en el país de Dios”. Los manifestantes del Tea Party integran ese colectivo. Están enojados con Barack Obama, a quien consideran un socialista musulmán que ha huido de Irak, aunque siga haciendo llover bombas sobre Afganistan. Ellos quieren que su presidente se tome en serio su trabajo en el país de dios. Y está probado que son capaces de conseguirlo.