lunes, 14 de diciembre de 2015

La Corte de Macri

El Presidente Macri ha nombrado a dos ministros de la Suprema Corte sin acuerdo del Senado. ¿Un atropello mayor a la democracia? Difícil, pero Adrián Ventura, en La Nación, pretende suavizar: "Se trata de una alternativa poco utilizada en épocas democráticas y cuyo antecedente más claro fue la Corte que nombró Bartolomé Mitre, en 1852". Un detalle: el antecedente no se produjo en la República Argentina. En 1852, Mitre era un lider porteño, y Buenos Aires estaba separada del resto del país. Diez años más tarde, Mitre fue Presidente, un cargo que conquistó a sangre y fuego. Es extraño que Ventura no lo sepa.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Choripaneros

El pueblo argentino a lo largo de dos siglos, según los sucesivos bautizos de la gente decente: vagos y mal entretenidos, bajo pueblo, bárbaros, chusma, criollos brutos, tanos brutos, gallegos brutos, rusos de mierda, cabecitas negras, negros de mierda. Ahora,  choripaneros. Tal vez la última designación, con sus numerosos significados, sea la más brutal.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Macri, la avanzada de Washington

El triunfo de Mauricio Macri, que es como decir del capital concentrado y de los centros de poder financiero, es una avanzada en la región de las políticas de Washington. No es teoría: el nuevo gabinete, atiborrado de gerentes y directores de grandes corporaciones, y el sometimiento del futuro ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, al secretario del Tesoro de los Estados Unidos, expresado en un llamado telefónico para requerir opinión sobre las primeras medidas económicas, no dejan espacio a la imaginación. Está bien reflexionar sobre el poder de los medios de comunicación y sobre los errores políticos propios, pero tal vez convenga no perder de vista el marco general. O sea, el hilo semi oculto que une a los globos amarillos con las bombas de racimo que asesinan a muchedumbres en Oriente Medio. Sin prejuicios.

martes, 25 de noviembre de 2014

No como Brown

En el país de la libertad y de los individuos armados, un policía blanco asesina a un muchacho negro. Michael Brown, el chico, tiene 18 años, y está  desarmado. En Ferguson, la pequeña ciudad donde suenan las balas, lo ve medio mundo. Tres meses más tarde, un Gran Jurado decide que no hay pruebas para condenar a Darren Wilson, el agente que apretó el gatillo. Wilson dice que lo lamenta, pero que volvería a actuar de la misma manera. Dice que temió por su vida, porque Brown lo superaba físicamente. Y además era negro. Eso no lo dice. No importa si muchos testigos ven a Brown con las manos en alto cuando su cuerpo encaja los seis tiros que le pega Wilson. Y si lo ven caer a 150 metros del policía que teme por su vida. La población de Ferguson, cuando conoce el fallo judicial, estalla. Incendia autos, corta avenidas y autopistas, arroja botellas y ladrillos contra vehículos policiales. Pide justicia. Hay decenas de detenidos. Todo transcurre en un estado, Missouri, con una larga y dramática historia de crímenes contra la minoría negra. Su gobernador se llama Jay Nixon.  Su tío Richard hizo célebre al apellido. En otras ciudades y pueblos del enorme país otros miles salen también a la calle.  En Cleveland, Ohio, un agente dispara una bala de verdad a un niño negro de 12 años que empuña un arma de juguete, y lo mata. El Jefe de Policía lo defiende.   En San Luis, Missouri, la multitud ocupa las escalinatas del Tribunal que ha exculpado al matador de Brown, y advierte: “Si no lo procesan, vamos a pelear”. Barack Obama, el primer Presidente negro de la historia del enorme país, habla del asunto. Sin embargo, no anuncia que va a tratar de poner fin a los crímenes blancos. Pide que las protestas sean pacíficas. Les pide serenidad a las víctimas. Nada a los culpables. Muchos recuerdan entonces que él es negro, pero no como los otros. No desciende de africanos esclavizados en los Estados Unidos. No como Brown.