lunes, 29 de julio de 2013

¿Sabe Francisco lo que dice?

En Brasil, Jorge Bergoglio, alias Francisco, llamó a los jóvenes a "servir y llevar a Cristo hasta las periferias existenciales", para “arrancar y arrasar el mal y la violencia, para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio”. ¿Sabrá lo que dice? ¿Ignora acaso cuánto del mal, de la violencia, de la intolerancia, del odio, en dos mil años de historia, son el fruto de la prédica de la iglesia sobre la que reina? ¿De su propia prédica, aquí, en la Argentina, acerca del matrimonio igualitario, de la despenalización del aborto, de una exposición artística de León Ferrari, de las barbaridades que cometieron curas que él protegió y protege? Desde la periferia existencial, Bergoglio, no, gracias, va a ser mejor que nos arreglemos solos.

jueves, 25 de julio de 2013

Bergoglio y los pobres del Brasil

Jorge Bergoglio, conocido ahora como Francisco a secas, exhortó en Brasil a rechazar “el dinero, el poder, el éxito y el placer”. Lo dijo en un país en el que, a pesar de los avances de los últimos años, decenas de millones viven en una pobreza tan brutal como lo es la riqueza de una minoría riquísima. Para los pobres del Brasil, dinero, poder, éxito y placer son atributos exclusivos de quienes los explotan. Si el discurso del rey de la iglesia católica estaba dirigido a los pobres, en él resuenan el desprecio y la burla. De lo contrario, solo era un guiño hipócrita para los poderosos, que no parecen dispuestos a  renunciar a nada

sábado, 18 de mayo de 2013

Que no descanses, Videla


Mientras él estaba en el poder, mastiqué odio, rabia, dolor, miedo, vergüenza. Una vez, un amigo que se iba del país me preguntó por qué me quedaba. Le dije que quería estar aquí el día de la revancha. No hubo revancha. Hubo, sí, casi al final, el día en el que les gritamos asesinos en la Plaza, y ellos nos gasearon y balearon al obrero mecánico Dalmiro Flores.

Hubo, después, los incontables días en que marchamos gritando los desaparecidos, que digan dónde están, ni olvido ni perdón, no hubo errores, no hubo excesos, son todos asesinos los milicos del Proceso, hubo un juicio, condenas, pero también la obediencia debida, el punto final, los indultos. No hubo revancha.

Después de muchos años, llegó una dosis de justicia, sin revancha, y él fue a parar a una celda, donde ayer murió. Eso no calma ni el dolor, ni la vergüenza, ni la rabia. Ya no hay miedo, desde hace tiempo, y ese objeto de odio ha desaparecido de este mundo. Se llevó muchos años de nuestras vidas, y demasiadas vidas. Que no descanses, Videla.

domingo, 14 de abril de 2013

Salud, 14 de abril


“Cada 14 de abril se le resbalan dos lágrimas, vueltos los ojos y el ánima a las costas de Estoril”, cantaba hace más de cuarenta años Joan Manuel Serrat. 

La que lloraba en su canción era una “muchacha típica”, de familia aristocrática, monárquica como su padre, sufriente por el dorado exilio portugués de los Borbones que ya no reinaban en España. Allí, en la conmovedora patria del poeta Miguel Hernández, la feroz dictadura reaccionaria y oscurantista de Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios, que había aplastado en una desigual guerra civil a la República nacida precisamente un 14 de abril, el de 1931, preparaba sin embargo la restauración de los Borbones. 

El rey Juan Carlos, cazador de elefantes, es el resultado de esa elección política. En 1975, muerto el asesino y coronado el príncipe, el diezmado y perseguido pueblo español empezó a acostumbrarse a la condición de súbdito de una monarquía. Pero no todos lo hicieron. No se convirtió en mero rebaño de ovejas el país de los más valerosos combatientes que había visto el siglo. 

Ahora, en medio del derrumbe de la rica y soberbia Europa capitalista y conservadora, el pueblo que alumbró hace un par de años a los Indignados recuerda cada día con más fuerza a la heroica República. Mientras tanto, allí están los versos de Miguel, muerto en la cárcel de la dictadura a los 31 años, como una verdadera promesa a su mujer y a su país embarazados:

“Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras”.

Salud, República Española.